miércoles, 5 de mayo de 2010

Un paréntesis en la historia.

Esta pequeña historia no tiene nada que ver con la de Sergio y Teresa, simplemente es un paréntesis.


Fue la primera noche que le vi. La última pensé.

Lo conocí en un pub a las afueras de la ciudad, a donde acudo todos los sábados por la noche a sabiendas de que estando tan lejos, no habría tanta gente.

Unas miradas seductoras me bastó para que me invitara a la primera copa, que detrás de ella fueron tres más.
Tenía calor. Él también.
No paraba de verme el escote y mi instinto saltó. Lo agarré por el cuello y me dejé los labios en él. Besaba tan bien…

Le solté y él me señaló la puerta de los lavabos con la mirada. Estaba tan caliente que lo cogí por la camisa y lo llevé al baño de hombres.
La puerta no cerraba, entonces el me cogió en brazos, apretó mis piernas entorno a él y me chocó contra la puerta para que esta no se abriera.
Me arrancó los botones de la chaqueta cual animal y el sujetador no fue una barrera para él. Un hombre atractivo, con una experiencia infinita al parecer.
Me levantó la falda y me bajó las medias y mi prenda íntima favorita a la vez.
Instantáneamente me mordí los labios cuando nos empezamos a mover con una perfecta coordinación.
Yo no hice nada; él trabajó por los dos.
Mis ojos estuvieron cerrados todo el tiempo para sentir mejor los escalofríos y el placer.
Estaba en una nube, mi mente estaba en blanco, ni siquiera sabía si estaba respirando o gimiendo. No escuchaba nada, estaba tan sumergida en el abaneo de mi cuerpo… Él lo guiaba; yo no me movía.
Mis músculos se contraían cuando pasaba su mano desde mi cuello hasta las piernas apretando cada centímetro de mi cuerpo mientras sus labios besaban todo mi ser.
Ah… No podía ser cierto, aquel desconocido me hizo sentir como si volara.

Me di cuenta de que iba volviendo a la realidad cuando noté que el movimiento había cesado y su lengua se iba introduciendo poco a poco en mi boca hasta tener contacto con la mía.
Era la primera vez que no tocaba a un hombre para pasar a la faena; esta vez me hizo sentir mujer a mi.
Me bajó al suelo y le quité la camisa. Mis labios se separaron de los de él y fui bajando por el cuello, el pecho y finalmente hasta la llegada. Me resultó desagradable siempre, pero también siempre pensé que les tendría que dar algo a cambio.
Me agarró la cabeza con las manos y me separó de él. Miré para arriba con cara de circunstancia y me levantó cogiéndome por las axilas mientras le subía el pantalón.
Me miró a los ojos y me dijo:
- No hace falta que hagas nada más; ya he disfrutado lo suficiente contigo.
Entonces sonreí tiernamente y sentí alivio. Me agarró y me apretó contra él fuertemente y yo respondí con un calentón al cual él accedió.
Y mi mente otra vez se volvió blanca, transparente. Y volé por el silencio de nuevo.
Qué sensación tan nueva y agradable. No sentía nada, solo placer, placer y más placer junto con la tranquilidad en la que estaba sumergida.

Y la noche con ese desconocido fue la primera vez que lo vi. Pero no la última.
Me enamoré.

6 comentarios:

  1. Oh diossssss es increiblemente sensual!

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  2. una de las mejores ale!!!!
    unbeso
    xia
    sige escribiendo q sabes q me encanta jaajaja estas haciendo q una tia q nunca lee se pare todos los dias ante tu tablon
    felicidades cielo ;)

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  3. Tiene toques de otras historias que he leido antes, o al menos me lo recuerdan amí.
    Me gusta la forma que tienes de expresarte, transmites y eso en algo que leo me encanta.

    Felicidades señora.
    sigue soñando así :)

    yuly.

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  4. la verdad es preciosa la historia. Transmite hasta cierta pizca de carisma,tengo muchas ganas de leer más.

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