viernes, 18 de febrero de 2011

Paréntesis.

Llueven tus lágrimas


- ¡Buenos días pequeña!
- Buenos días Lorenzo...
- ¿Qué tal te trató esta noche Catalina? Mmm... ¡No tienes buena cara!
- Lorenzo, estoy triste... Catalina estuvo cantándome e iluminándome toda la noche.
- ¿Qué ha pasado bonita? ¿Tienes frío? Si es así, yo te daré todos los rayos que necesites.
- Eres muy amable, pero el calor que me falta no es el de la temperatura... Necesito calor humano, necesito sentir a alguien entre mis brazos.
- Pero hermosa, Catalina y yo te tratamos lo mejor que podemos. Si quieres, podemos llamar a Marilyn, , Audrey, Grace... Vendrán todas por la noche, ¡las más bonitas solo para ti! Le diremos a todas las constelaciones que bailen para tus ojos y así puedas sentirte feliz ¿Te parece?
- Yo solo quiero llorar Lorenzo...
- No llores bonita, no llores si no las nubes me taparán, no podré iluminarte y lloverá...
- Quiero llorar, estoy muy triste, me duele el corazón... Me duele mucho.
[...]
- Pequeña has estado todo el día llorando y con la cara entre los brazos... Apenas has mirado hoy el paisaje que te he iluminado. Catalina ya está aquí, hablemos los tres hasta la hora de irme por el horizonte.
- Hola Catalina... Hoy no me apetece hablar.
- Princesa, ya va a ser de noche y no has visto el fabuloso arco iris que los rayos de Lorenzo han hecho atravesando tus diminutas lágrimas. No tengas prisa por que llegue el amor, el mejor calor es el que vives cada día.


"Es el cambio, no el amor, lo que hace avanzar el mundo. El amor sólo lo mantiene habitado."

martes, 1 de febrero de 2011

Paréntesis.

"Buenas noches" - suspiró mi amor.





Me enamoré perdidamente de un suspiro que todas las noches se colaba entre los mechones de mi pelo.
Realmente nunca llegué a saber de dónde procedía ese aliento que me ponía los pelos de punta... Un escalofrío recorría todo mi cuerpo cuando el suspiro entraba en mis oídos.

No sé si era cosa de mi imaginación. Algún tipo de deseo que nunca fue cumplido y ahora lo imagino yo sola todas las noches, a la misma hora, en la misma posición, con los mismos deseos... Con su no imagen en mi cabeza.

No sé si le quiero, por que aún no sé a quién debo querer. Le quiero porque aún no existe.
Le exigía una lógica a ese pensamiento que nunca florecía y que siempre seguía siendo un simple pensamiento.
Un pensamiento que me daba besos, me abrazaba, me decía te quieros, me amaba y me hacía el amor todas las noches.
Un pensamiento que no tenía cara, ni nombre, ni remitente, ni una canción que nos uniera.

No había nada, solo una felicidad que realmente, no existía.

Ahora le quiero porque existe, porque tiene nombre, cara, remitente y me dice te quiero.
Ahora le quiero sin lógicas y sin fantasías.
Ahora, somos dos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Paréntesis.

¿Qué pasa si algún día sabes que alguien va a desaparecer para siempre?



...

domingo, 5 de diciembre de 2010

Paréntesis.

Yo soy una isla.

Mi vida fue difícil; mi vida es jodida.
Para este relato prefiero no tener nombre, ya pasé la adolescencia supuestamente y tengo malos recuerdos de cada año que viví.

Nací en una ciudad lluviosa y fría, en una familia normal, como se suele decir.
Empecé llendo a una guardería que no me gustaba nada, la profesora me pegaba collejas y nos gritaba, aunque bueno, no me importaba que al resto les gritase; me odiaban.
Me llamaban fea y niño por llevar el pelo corto. ¡Qué culpa tenía yo si sólo acababa de cumplir los tres años!
Sentía ira y ganas de romperles todos los juguetes.

A día de hoy tengo dos teorías: la primera es que no arreglaría nada haciéndolo y la segunda es que habría conseguido lo que quería; verlos sufrir.
La gente que me conoce, recalca que tengo un serio problema.
¿Un serio problema? Yo no lo veo así... Pero está claro que soy así. O por lo menos, así me hizo ser la gente a base de jodidos traumas.

¡Me gusta ver sufrir! ¡Me gusta la venganza para ver llorar a la gente!
¡Y que se jodan!

No puedo tener pareja, acabo amargándole la vida... Probé con mujeres también y acabó peor la cosa.Lo que hace la desesperación... Cuando los extraterrestres existan, lo intentaré con uno.
Soy como una solterona amargada... Una Madame Bovary del siglo XXI.

Ya ni me molesto en mirar bien a la gente y las palabrotas son la oración de mis días.
Mis errores me hicieron más fuerte, y aunque la gente insista en que me quiero poco... Me amo.
Si soy capaz de hacer llorar a quien me de la gana, si sé que la gente habla de mi por ser así... ¿Qué más quiero? Soy fuerte; no hay más.

Pero yo nunca quise ser así, nunca busqué ser esta mierda.
Y cada vez que leo las cartas de amor que todas mis parejas me enviaron, releo la frase que todos ponen: ser así, te hace jodidamente especial; eres única.
Entonces cierro los ojos y sonrío.
Es el momento más feliz del día; recordarles y saber que en mi vida, hubo gente que me quiso y me amó más que a nadie.

Sin embargo, mi felicidad se acaba cuando también recuerdo que yo no les di nada... Que nunca llegué ni a quererles.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Paréntesis.

Mierda para tragar



Ignoramos, erramos, aprendemos, rectificamos y volvemos a fallar.
El mundo se rompe y la sociedad se hunde.

El ayer era el sufrimiento... Pero también el tiempo feliz.
El mañana es progreso... Pero también es miedo.

La muerte era temida.
Pero ahora la muerte es irrelevante, indiferente... Y algunas veces deseada.

Me da miedo estar viva, sin embargo, creo que me da pánico la muerte.


jueves, 11 de noviembre de 2010

Paréntesis.

Lo platónico se hace cercano.



Olvida, olvida, olvida...
Olvida todo lo vivido, vuelve a empezar, elévate, ¡sé libre!
Vive... Vive... Vive todos los días, no duermas, ¡sé libre!
Yo puedo.
Tú puedes.
Él puede.
Y todos podemos.

Adiós olvido.

Vamos a convertir esa nada en algo.
Vamos a viajar a través de la infamia y a mirar hacia un horizonte opaco.
Donde eres el que elige lo que quiera.
Donde no duelan las decisiones.
Donde no existan sentimientos de pena y odio.
Donde yo sea feliz.

Quiero que vengas conmigo a ese lugar.
Y quiero que me cuides.
Y que me digas al oído los días que has estado esperándome.

Quiero que por fin celebremos el momento de partir hacia otro rumbo fuera de esta ciudad.
Fuera de nuestros recuerdos.
Que celebremos el querernos y el empezar desde un número cero.
Que seamos felices sin serlo.
Que nos envidien.
Que nos odien.

Que al fin y al cabo... Es lo que nos gusta a los dos.

Vamos a gobernar este mundo... ¡Juntos!
y yo.

Vamos a decirles a todos que no somos como ellos.
Que tenemos ideales.
Que pensamos diferente.
O que somos iguales.


¡Te quiero, te quiero, te quiero!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Paréntesis.

Elvira





Se llamaba Elvira; yo un día la quise. Un día y cien más.

Le gustaba pisar descalza la hierba mojada y recoger luciérnagas por las noches, para alumbrar el baño con botecitos mientras se bañaba.
Sólo con verla, me dirigía a parajes alejados de la realidad.

Adornaba las paredes de la habitación con preciosas bayas que sólo ella sabía de su escondite.
Crujíamos juntas los dedos y escogíamos cada mes una baca nueva para el coche, después de romper las anteriores con el peso de unas maletas llenas de enfados y recuerdos.

Me escribía cartas cuando se iba, y cada una tenía el mismo mensaje: que Elvira también me quería.
Tuvo días en los que se rebelaba contra mí, por mi manía de corregirle las faltas ortográficas en sus cartas desde el extranjero.
Teníamos una manta de vaca, la cual nos tapaba en las noches de invierno cuando veíamos películas de miedo en nuestro sofá.
Hervía macarrones todos los días… Nunca llegaré a saber por qué lo hacía; y cada semana se acercaba a la ciudad para revelar nuestras fotos.

Vivíamos apartadas del mundo, no votábamos, ni gastábamos más de treinta euros a la semana. Éramos viajeras en nuestra propia felicidad.

La mente de Elvira era cilíndrica como un tubo, no había paredes que oprimieran sus ganas de vivir.
Le gustaba salir a correr antes de que anocheciera y cuando la perdía de vista, gritaba su nombre para que botara en los alrededores y que ella lo escuchara para después darse la vuelta y sonreírme…

Elvira era como un jeroglífico, sólo tenía que mirarla para saber lo que quería.

Ahora ya no sé de ella, un día grité su nombre, pero no veía que se girara, ni presencié su sonrisa.
Sólo sé que vaya a dónde vaya, en su mente siempre estaré yo, y en la mía, siempre estará Elvira…